Hace unos años, en plena meseta, felicité a un miembro de la la Sociedad Familiar de la Consolidated y del cuerpo del brazo armado por su reciente nombramiento para un cargo que no recuerdo. Lo hice por que así lo sentía, como médico de consultorio y tipo de izquierdas en mis ratos libres. Le pedí además que no la cagasen. Por los mismos motivos. Lo hicieron. No construyeron nada perdurable. Se comportaron como adolescentes arrogantes. Lo dije y me gané la enemistad de algunos. Gajes del oficio.

Ahora están aquí los otros. Son distintos. Vienen a destruir, limpiar los escombros de lo que pudo haber sido y acabar con este negocio de la Consolidated que nunca les ha gustado. Son peligrosos. No voy a decir que tengo miedo porque sería darme importancia. De momento las redes y la blogosfera (lo siento, no sé cómo decirlo de otra manera) les han plantado cara con más raciocinio y brillantez que yo y con más gracia que las cuchufletas a las que de pronto ya les funciona el ordenador.

Me voy a un sitio más pequeño en el que nunca caben ellos. Ninguno.

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Pregunta

Y ahora, con el desenlace del juicio a Camps, con las cartas de Bestard, reumatólogos y farmacéuticos, ¿cómo le explicas a un residente que debe tener cuidado en sus relaciones con la industria farmacéutica? Sin parecer ridículo, me refiero.