Show me the money

La iniciativa Atención primaria: 12 meses, 12 causas ha elegido para el mes de marzo reclamar la emancipación de la atención primaria. Nada que objetar, sólo algunas consideraciones. No somos niños creciendo. Somos adultos que reclaman su lugar en el mundo. Pero lo necesario para emanciparse en el mundo de hoy lo reclamaba hace años el receptor de los Arizona Cardinals (equipo perdedor donde los haya, como nosotros) Rod Tiwell interpretado por Cuba Gooding Jr en la película Jerry Maguire:

Enséñame la pasta. El dinero está en el lado de la atención hospitalaria. ¿Por qué? Probablemente porque nuestros políticos y gestores piensan que crear una nueva Unidad Hospitalaria de Loquesea, que va a borrar el histórico déficit de nuestra comunidad en la atención a la importante amenaza sanitaria de loquesea, incluida a su vez en un hospital cada vez más grande porque nosotros lo valemos, da más votos que facilitar el trabajo del médico de familia y potenciar la atención primaria. Y puede que lleven razón

Si el médico de familia fuera el que decide a qué especialista hospitalario deriva un paciente (porque cumple los criterios de calidad en atención, pruebas complementarias y tratamientos que el médico de familia se ha marcado para sus pacientes) o a qué servicio le manda a realizarse pruebas complementarias (porque no tiene lista de espera, informa correctamente y lo hace a un precio razonable), y esas decisiones pudieran cambiar en el caso de que los criterios exigibles dejaran de cumplirse, otro sería el trato que el médico de familia recibe de políticos, gestores, compañeros hospitalarios y pacientes.

Mientras tanto, Raquel tendrá que seguir haciendo malabarismos sin que nadie le reconozca, de verdad, no valen palmaditas en la espalda, el esfuerzo.

Por cierto, el artículo de Juan Gervas y Juan Simó 2015, el día a día de un médico de cabecera que recomiendan en AP XII causas es fantástico en varios aspectos. Leedlo, pensar en la autogestión (económica sobre todo, insisto), mirad a vuestro alrededor y siendo sinceros y autocríticos, ¿estamos realmente preparados para emanciparnos o tienen razón nuestros gestores al considerarnos un nido de inútiles?

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Coincidencias

Con pocas horas de diferencia recibí en mi buzón de correo electrónico dos mensajes a cuya coincidencia en el tiempo probablemente sólo yo le veo la gracia. El primero dice*:

Es para nosotros un motivo de satisfacción informarle del comienzo, el próximo…, de la vigésima segunda edición del Master de Administración y Dirección de Servicios Sanitarios…

…El programa consta de 370 horas  presenciales y 100 horas de modalidad on line y cuenta con una acreditación de 75 ECTS (European Credit Transfer System)…

…El contenido del programa se ha estructurado pedagógicamente y acorde con los nuevos tiempos. Agrupamos las asignaturas en grandes bloques Macrogestión, Mesogestión, Microgestión y añadiendo un cuarto, que llamamos Disciplinas Básicas y Herramientas para la decisión. Aquí junto a materias de gran peso y trayectoria dentro de nuestro programa,  se han introducido nuevas asignaturas como son Epidemiología de los cuidados sanitarios, Evaluación de Tecnologías Sanitarias y las cuatro materias on line,  Estadística Aplicada, Evaluación Económica, Epidemiología Clínica y Análisis de Decisiones.

El precio del interesante master (de verdad me lo parece) es de 13000€, más lo que cueste viajar y dormir 37 viernes en Madrid (37 viajes x 124€ = 4588€, 37 noches de hotel x 84€ =  3108€). Suponiendo que uno se lleve la cena de casa, el master sale por 20696€. No seré yo quien diga que es caro, pero como la mayoría no cumplimos los requisitos que piden algunos, sí puedo decir que hay que pensarselo dos veces antes de matricularse.

Por si hace falta un dinerito extra, me llega este otro correo:

HOLA TE INTERESARIA CONOCER TURISTAS Y EJECUTIVOS NACIONALES Y GANAR 100 A 300 DOLARES POR 1 A 3 HORAS DE COMPAÑIA

NECESITO SEÑORITAS MASAJISTAS C/SIN EXPERIENCIA SUELDO 1000 A 2000 SOLES SEMANAL PERU LIMA  SERIEDAD DISCRECION , CLIENTES A1 NACIONALES Y ESTRANJEROS HORARIO LIBRE , ABSOLUTA RESERVA BUEN TRATO Y RESPETO , TAMBIEN SI DESEAN TE OFRECEMOS UN LUGAR DONDE PUEDAS VIVIR INDEPENDIENTEMENTE

Podría ganar 2000 soles (unos 540€)  semanales haciendo de puta en Lima. Si tener una habitación y comer dos veces al día (sí, soy un malcriado) me cuesta unos 310€ mensuales, ganaría 1850€ al mes.

Tardaría (20696/1850) algo más de 11 meses en poder pagarme el master, siempre que no tomara ni un café y que mi chulo fuera comprensivo y legal, cosa que dudo.

La diferencia de estilos (condiciones, diría Irigoyen) de vida entre los que se pueden pagar un master de este tipo y las putas peruanas es llamativa. Seguro que hay causas macro y microeconómicas que lo justifican.

Pero al menos las putas peruanas no te mienten diciendo que te quieren.

*(en ambos correos he borrado los nombres propios de personas o instituciones)

NTIC

Dedicado a todos los gerentes y

enfants terribles de salón

que pueblan MedFam

 

Al hijo del hombre de la camisa roja no le gustan los médicos. En eso ha salido a su padre. Recela de las preguntas y odia contar sus intimidades. Fuma y bebe como todo el mundo. Mucho menos que su padre, en cualquier caso. Alguna vez ha fumado maría. En su escápula derecha vuela un tatuaje de Camarón que se hizo en el viaje de estudios de final de bachillerato. Cuando tuvo una neumonía y le auscultaban a todas horas, más de un médico torció el gesto al verlo.  Uno jovencito le estuvo amenazando durante diez minutos con las múltiples infecciones y desgracias que podía haber cogido. Desde entonces evita rascárselo, aunque no sabe explicar porqué.

Por eso se encuentra incómodo tumbado en la camilla. Se ha subido las perneras de los pantalones por encima de las rodillas. Antes le había explicado al médico el dolor y el clic que nota en la rodilla derecha cuando baja escaleras. Antes aún, había estado en la sala de espera durante media hora, hojeando la información de un máster en administración de empresas sanitarias. El médico apenas le había mirado a la cara y se había limitado a emitir gruñidos con la vista puesta en la pantalla del ordenador. Con las gafas de leer en la punta de la nariz, parecía que había sonreído mientras le señalaba con la mano la camilla. Luego había escrito algo con dos dedos, sin perder la sonrisa.

Tumbado, piensa que debe estar consultando su historia. Quizá lo de la maría. ¿Se ríe por eso? Recuerda al viejo doctor Matarraña que le atendía de pequeño en el pueblo. Entonces no tenían ordenador en la consulta. Ni historia, que él recuerde. El doctor Matarraña la hubiera quemado con la eterna colilla casi consumida que colgaba de la comisura de sus labios. Con pinta de despistado, recordaba cada detalle del paciente. Su familia, sus enfermedades, sus caprichos, sus errores. Tampoco miraba mucho, pero cuando lo hacía, clavaba sus ojos de forma imperativa. Traspasaba y advertía. No exploraba como lo hace el médico de ahora, que flexiona y extiende la rodilla buscando el dolor sin palabras. Parece ausente, repitiendo una coreografía aprendida que ya no le entusiasma. Bruscamente, pierde el interés por la rodilla y vuelve, sin hablar, a la mesa y al ordenador. El hijo del hombre de la camisa roja se estira los pantalones y se calza. El médico ya está de nuevo sonriendo al ordenador.

La orientación de la pantalla permite que la vea mientras camina hacia su silla. Duda. ¿Eso no es Facebook?

Sobre el plan de austeridad

Hace un par de semanas nuestra Gerencia de Atención Primaria hizo público su flamante plan de austeridad. Lo hizo a través de su brazo armado en forma de coordinadores, nunca de forma directa a sus principales damnificados; trabajadores sanitarios y pacientes usuarios. Siempre hay clases.

La crisis económica, causada en principio por la mala gestión de bancos de todo el mundo que se ensuciaron con el cemento de las obras, nos enredaron vendiéndonos futuro y falsa seguridad a interés variable y al darse cuenta del error decidieron huir hacia adelante y echarnos la culpa, está sirviendo para justificar el reinado y las trapalerías de aquellos que la causaron. Nuestros políticos y gestores, faltos de imaginación y de valor, han salido prestos a defender a los indefendibles y a allanarles el camino. Y de paso se han liado la manta a la cabeza y aprovechan para colar como planes de austeridad lo que no son más que medidas que deberían llevar tiempo tomadas (evitar el despilfarro en luz y aires acondicionados) y viejas malas costumbres (no sustituir las ausencias de los trabajadores y que sus compañeros carguen con el trabajo acumulado).

En los días siguientes algunos centros y compañeros a título individual han usado el correo institucional para hacernos llegar a todos sus opiniones sobre el dichoso plan. Bien por ellos. Compartir ideas e información es la mejor manera de salir del pozo. Pero… cuidado con algunas opiniones que apuntan a dianas equivocadas (como nosotros somos muy buenos que sean los centros malos los que paguen el pato, adelante con el copago…) También los sindicatos empiezan a mandar sus opiniones. A éstos no los cuento. Hasta ahora han sido parte del problema más que de la solución.

Como en ocasiones dicen que sólo me dedico a causar oprobio (¡caray!) me andaré con cuidado al exponer mis opiniones. Voy a intentar ser positivo, constructivo y tan melifluo que en ocasiones me causaré arcadas. Voy a repartir tareas para todos. No dudo que me seguiré creando enemigos. Especialidad de la casa. El día que me voy a dormir sin haberme comido crudo a uno de gerencia es un día perdido.

¿Qué se les puede pedir a los pacientes?

Buena pregunta. Conozco compañeros sensatos que defienden el copago. Tienen sus buenas razones. Yo no creo en ello. Me parece tramposo. Llevamos lustros acostumbrando a los pacientes a que todo se resuelve en el centro de salud. Ha sido una labor en la que todos hemos participado: políticos prometiendo todas las curas y cuidados posibles, sanitarios echándoles la bronca por no haber venido antes, programas del niño sano obsesionados por convertirlos en enfermos, campañas publicitarias. Ahora pretendemos cobrarles por lo que les hemos dado gratis. Eso es lo que hacen los camellos cuando en los baños de una discoteca te regalan la primera pastillita. ¿En eso nos hemos convertido?

Por otra parte, se trataría de un repago. Yo ya copago cuando todos los meses me retienen parte de mi nómina. ¿Y quién pagaría y cuánto? Los que ganan mucho ya no vienen a nosotros más que a pedir recetas, prefieren que les atiendan médicos privados en clínicas limpias en las que no molestan pobres ni enfermos. Para los que ganan poco y tuvieran la desgracia de enfermar, el copago tendría que ser tan pequeño que probablemente no saldría rentable (habría que poner cajas registradoras, y contratar furgones blindados que recogieran la recaudación, e imprimir tiquets, y comprar nuevo software contable…)

A los pacientes hay que pedirles buen comportamiento ciudadano, sabiendo que es el mismo por el cual uno no tira basura en el parque, no escupe por la calle, no trata a los empleados públicos con un usted no sabe con quién está hablando, no rompe los cristales de las farolas y cumple las reglas de tráfico. Es decir, considera las cosas (la res) públicas de su propiedad y así las cuida. Es decir, que es escaso. Hacen falta años de educación y, probablemente, haber nacido y haberse criado en otro país.

Hay que pedirles compromiso con la atención primaria pública. Salvador Casado (sigan a este hombre), médico de familia en la selva madrileña, clama por establecer un frente común que la defienda. Y en ese frente común incluye a los pacientes. Este negocio sólo tiene sentido por ellos y con ellos. Deben saber que no suplir a su médico cuando falta es una vergüenza y una injusticia, cumpla o no cumpla los objetivos. También deben saber que esto no es un saco sin fondo del que sacar y sacar, que hay cosas (medicamentos, pruebas complementarias, consultas…) que “no entran en el seguro” o no están indicadas y está bien así.

¿Qué se les puede pedir a los gestores? (Gerentes, directores, subdirectores, consellers, ministras…)

Imaginación y fuego. Que cojan los libros y apuntes de los masters de gestión sanitaria (miren a dónde nos han traido) y hagan una alegre hoguera con ellos. Las soluciones economicistas tiene mal engarce aquí. Una cosa es no despilfarrar y otra no gastar. Hacen falta más poetas en las gerencias.

Aquí van algunas ideas gratuitas (si quieren más, harían bien en copiar la red social Kudeaketa, promovida para fomentar la discusión, intercambio y desarrollo comunitario de ideas y opiniones entre los trabajadores de la Comarca Bilbao de atención primaria. A mí, con mis simpatías por la Real no me han dejado entrar. Promovida por ¡sí!, un médico de familia)

Alto a las vacunaciones innecesarias, peligrosas y carísimas (VPH, gripe A, ¿rotavirus?), alto al despilfarro en campañas publicitarias patéticas con aspecto de haber sido diseñadas por un sobrino del Opus de alguno de los responsables (las últimas contra las drogas y el tabaco en los jóvenes me han provocado serias ganas de liarme un peta), alto a la informatización basada en programas carísimos de comprar y mantener, encadenados de por vida a una empresa privada que es la dueña final de los códigos y del desarrollo de los programas. ¿Para qué sirve una maquinita que imprime tiquets recordando las citas pedidas, y cuánto cuesta? Y miles de derivaciones, peticiones de pruebas, partes de baja imprimidas para nada (papel, toner…) Alto a los cargos inútiles. ¿De verdad hay gente cobrando por estar en el grupo funcional (o cómo se llame) que se supone vela por la utilidad de la HCE? ¿Haría falta una gerencia tan grande si allí sólo trabajaran los estrictamente necesarios? ¿Se han planteado que las plantillas sobredimensionadas que no precisan sustitutos son las suyas? Alto a las parcelas. ¿Tienen los hospitalarios algún tipo de presión sobre prescripción, cumplimiento de objetivos, eliminación de listas de espera? No, chicos, las listas de espera de seis meses en sopotología no se solucionan contratando más sopotólogos, ni creando la unidad de sopotología deconstruida para que haya otro jefecillo, ni desprestigiando a la primaria diciendo que es incapaz de atender a los pacientes sopotológicos.Se solucionan haciendo trabajar a los sopotólogos a cambio de su sueldo, y no de dudosas peonadas. Y hablando de primaria. En los años 80 (llenos de rojos y de pelos cardados) la primaria gestionaba el 25% del presupuesto de sanidad. En 2010 (campeones del mundo) ronda el 10%. ¿Qué más austeridad quieren? Que no se financien los medicamentos me too, por lo general menos útiles, menos seguros y más caros que los originales (¿cabe en cabeza humana lo de las glitazonas? ¿cuánto nos hemos gastado en ellas?)  Crear una cartera de servicios real y cumplirla a rajatabla. Y defender al profesional que la cumple. Si esto entra en la cartera y la indicación del Dr. Tal es correcta, se hace y punto, aunque el Dr. Tal sea el porquero de Agamenón. Si no entra en la cartera y el Dr. Cual así se lo hace saber al paciente exigente, lo que dice el Dr. Cual va a misa. Dejar de desperdiciar profesionales bien formados que acaban en urgencias hospitalarias, como falsos pediatras o como fichas de un tetris de suplentes.

Y cuidadito con vendernos a las empresas sanitarias hospitalarias privadas. O con creer que las EBAs son la panacea.

¿Qué nos debemos exigir a nosotros mismos?

Sí, también tengo para nosotros. Básicamente debemos tomar compromiso con nuestro trabajo. No podemos vivir instalados en la queja (¡mira quién lo dice!) No podemos permitir que nuestro nivel técnico-profesional baje.

Basta de encerrarnos en la consulta y permitir que nos arrebaten lo que es nuestro. Somos médicos de familia, pero nos han quitado a los niños (aunque la mayoría de los que los atienden son médicos de familia disfrazados de pediatra), a los terminales (idem), los embarazos de riesgo bajo (la inmensa mayoría), la prevención ginecológica, y nos quieren quitar a los crónicos. Nosotros somos mucho más rentables y eficientes haciendo todo eso. Digámoslo y exijamos nuestro territorio: el inmenso paisaje bello y salvaje que empieza a las puertas de los hospitales. Debemos decir que no cuando es necesario. No a nuestros jefes cuando nos dan órdenes inaceptables. Esto no es el ejército y no existe la obediencia debida. No a nuestros pacientes cuando lo que nos piden no es lo indicado para ellos.

Mantenernos bien formados en nuestro vertiginoso campo es una obligación moral personal. No hay atajos. No debemos recetar según qué cosas, pero no por que lo diga el pacto de incentivos, si no porque está técnicamente mal hecho. Eso es imperdonable. Y no hacen falta ni los escasos cursos de nuestra empresa ni el regalo envenenado de la industria. Internet ofrece miles de posibilidades fiables, rápidas y baratas. Para decir algo bueno de la empresa, ¿habéis probado la Biblioteca Virtual? No sabéis lo que os perdéis. Le daría un beso en los morros al que decidió suscribirnos al Uptodate. Siguiendo con la industria. Las relaciones con ella son como esas chicas atormentadas de los veinte años. Excitan, traen nuevos sabores, te llevan a garitos desconocidos, pero al final tú no eres el más gracioso y todo termina sucio y mal. ¿Necesitamos vendernos por una cena, o por 300€ por dar una sesión, o por otro congreso? (Sobre este tema, sigan a Enrique Gavilán. Él dice que es un poco recurrente. Yo creo que lleva razón) ¿Y nuestras sociedades y la industria? ¿tienen sentido los 400€ que cuesta entrar en un congreso de la semfyc (más el viaje, más el hotel, que siempre es más caro de lo que debe)? ¿o todo el mundo da por supuesto que lo va a pagar un laboratorio y no importa? Hace poco las jornadas del PACAP costaba 60€, el 1CBS era gratis. Se puede.

Dicen que la bioética es la actitud de buscarse problemas. Si no entendemos que esa es la esencia de nuestro trabajo, mal. Si sólo nos dedicamos a firmar papelitos verdes y rojos y a mirar la pantalla del ordenador, los problemas del paciente que tenemos delante no van a desaparecer solos. Otros se harán cargo de ellos. Y no dudéis que lo harán peor y más caro de lo que lo podemos hacer nosotros.

Actitud. Los médicos de familia debemos ser como los rockeros o los toreros. Se les distingue a kilómetros de distancia, solamente por su forma de estar.

Bob Dylan dice que aún no está oscuro. Optimista.

El Ib-Salut y la tecnología

Soy analfabeto informático. No sé programar en ningún lenguaje, no sé arreglar un ordenador más allá de Ctrl-Alt-Supr. Para mí un ordenador debe ser como una nevera; la enchufo y hace frío, sin necesidad de que yo sepa  de electricidad, física o ingeniería. Leo estas noticias:

(que no es que yo lea el Financial Times a todas horas. Son las cosas de los hiperenlaces, que te van llevando, llevando…)

En resumen, los gobiernos francés y alemán avisan de los peligros de Internet Explorer 6 con respecto a su seguridad (lo dice la BBC), la división australiana de Microsoft compara usar IE6 con beber leche caducada de 9 años de antigüedad (Register) y Google decide abandonar no sólo IE6, si no todo Windows y cambiarlo por Linux o Mac, también por problemas de seguridad (Financial Times)

Preguntas:

1.- descubra en 10″ qué navegador tienen instalado por defecto los ordenadores del Ib-Salut, y

2.- en otros 10″ describa la contestación de los informáticos cuando se les solicita su actualización

Respuestas:

1.- efectivamente

2.- resulta que no se puede porque el sistema está configurado para IE6. Te ofrecen instalar Firefox (eso ya lo hice yo) pero se lleva a matar con el módulo de receta electrónica, con lo cual no conviene usarlo durante la consulta.

No se trata aquí de criticar toda la informatización del Ib-Salut (hoy no han cambiado la versión del e-Siap y estoy de buen humor). Podemos presumir, por ejemplo, de una navegación libre por Internet desde la consulta (manchegos, madrileños y vascos no pueden, que yo sepa), una función que se agradece dada la tendencia de todos los mandamases del mundo a poner puertas al campo. Pero, siendo ignorante en temas informáticos, ¿no hubiera sido más segura y barata una informatización con Linux? ¿es serio seguir con IE6 habiendo tantas otras posibilidades (IE8, Firefox, Safari, Chrome…)?

Pregunto.

No he hecho huelga

Soy médico de familia. Eso quiere decir que desde hace 23 años me vienen dando hostias de todos los colores. A las que nos corresponden a todos (también se me ha roto el corazón, y se me ha cortado la mayonesa, y mi equipo ha bajado a segunda) se me han sumado las propias de mi oficio. Acabé la carrera y mientras estudiaba el MIR mis amigos no médicos sacaban sus carteras para pagar otra ronda mientras yo aún vivía de la generosidad de mi padre y mi ayuda en su bar, y sufría viendo cómo mis mil sudadas pesetas desaparecían en las manos de camareras inalcanzables. Yo palidecía empotrado en mi mesa de estudio mientras los demás poblaban las piscinas. Aprobé y vi como en pocos meses los residentes hospitalarios perdían la modulación del gen de la soberbia. Luego mi colegio profesional, los sindicatos médicos y los de clase, subvencionaban autocares, y luego cursos, con mi dinero. Gobiernos nacionales y autonómicos de toda catadura, gerentes, directores, subdirectores, coordinadores, enfermeras, administrativos y celadores han conspirado durante años para convertir aquello en lo que yo creía en un velatorio de indicadores, clics, protocolos estúpidos y gilipollas engolados. Compañeros burlones, por supuesto, pacientes propios y ajenos, señoras que pasaban por ahí. Aprobé unas oposiciones y me convertí en funcionario (bueno, estatutario, pero explica por ahí la diferencia si es que sabes). Oí comentarios despectivos sobre el funcionariado incluso entre miembros imbéciles de mi propia familia. Uno no elige. Tuve la plaza pendiente de un hilo porque a un juez se le ocurrió regalarles el aprobado a unos tipos que habían quedado cientos de puestos por debajo de mí. Después me han congelado el sueldo, me han regateado trienios, me han cambiado las reglas de juego con el partido en marcha, me han mentido, me han ignorado. He visto como entre todos cocinaban una carrera profesional ridícula y tiraban el dinero en premiar la resistencia pasiva sin discriminar a los que llevaban treinta años construyendo y trabajando de los que llevaban el mismo tiempo tocándose los huevos y tocándolos al resto del país. Premio para los caballeros.

La última me la olí cuando empezó lo de Grecia. La primera medida que se les ocurrió fue bajar el sueldo a los funcionarios. Rápidamente puse mis barbas a remojar. No tardé en llevar razón. A nuestros genios autóctonos esa fue también la primera idea que se les ocurrió. Una facilona. Les bajamos el sueldo a esos tipos que se niegan a hacer más de cuatro crucigramas al día, damos el timo de que hacemos algo y, además, el resto de la población rebufa complacida al ver a los parásitos de los funcionarios sufriendo también la crisis. No importa que nosotros no disfrutáramos los años de bonanza y ladrillazo. Tuvimos que pagar nuestras casas al precio que imponía el falso mercado mientras nuestros sueldos no seguían la misma pendiente ascendente. Pagamos las horas de yesero chapuzas tres veces más caras que las de médico de guardia. Pero España iba bien. Éramos un país pijo y estúpido.

Hasta hace cuatro días. Hace nada comprábamos inútiles vacunas contra la gripe a mayor gloria de las farmacéuticas, sus sicarios y los técnicos cobardes. Regalábamos dinero a paladas a la banca porque eso iba a salvar nuestro culo blanquito, y construíamos aceras en mitad del campo para que el ladrillo no decayera. Ahora resulta que todo es al revés y tenemos que pagarlo los de siempre. Ojo, no sólo los funcionarios. Como dice JJ Bilbao, nuestro observatorio es privilegiado para ver por donde va la vida. Ya no vienen casos de mobbing a las consultas porque cualquier presión es soportable si la otra opción es irse a la calle. Vuelven los problemas con la tarjeta del paro y los olvidos al sellarla. Más mujeres se informan sobre los requisitos para abortar porque ahora no puedo tenerlo. Algunos abandonan los seguros privados y vuelven a la seguridad social con cara de orgullo herido y sobres llenos de logotipos y facturas.

Hoy los sindicatos de clase (los que eran los míos en el corazón pero nunca me quisieron entre ellos) han convocado una huelga de funcionarios. Los que siempre ignoraron a los médicos de familia me han enviado correos electrónicos informándome de cuanto me van a rebajar el sueldo. Hoy les parece dramático que lo hagan y ayer se negaban a que mis horas de guardia subiesen de precio. Hoy se olvidan de todos los demás. Nos han dividido a los parias de la tierra durante años y ahora que haría falta una verdadera cruzada contra la oleada de la todopoderosa secta neoliberal no nos van a encontrar juntos.

El gobierno navega con el timón roto. La oposición daría risa si no diera grima con su obsesión electoralista. La Europa con la que soñamos se ha roto y se ha rendido. ¿Para qué votar, para qué manifestarse, para qué hacer huelga, si luego será el mercado el que decida y nos niegue el derecho a equivocarnos? No tenemos ganas. Se oye hablar del copago y nadie parece reaccionar. Sólo algunos médicos de familia y aliados se preocupan por la arbitrariedad de esa medida, sobre todo contando la cantidad de cosas que se podrían hacer antes no para ahorrar, si no para no tirar dinero como quien tira los desperdicios a los cerdos. Conocí a Rafa Cofiño. Un placer. Hablamos de la simplicidad vacía de acusar a la población de hacer mal uso de los servicios sanitarios sin hacer una permanente campaña de concienciación. Dicen que las abuelas, cuando eran nuestras madres, no nos llevaban tanto al médico. Normal, no había. Si los hubiera habido tan disponibles como hoy, nos hubieran llevado como lo hacen las madres de hoy. Y se hubieran ahorrado muchas horas de angustia junto a un niño febril y desmadejado. ¿Quién es culpable del mal uso? ¿Ellas o los que han diseñado la oferta de servicios mirando sólo el rédito electoral y no las necesidades reales?

Supongo que ha quedado claro que no he hecho huelga. Tampoco voy a releer el texto y lo voy a publicar tal cual. No es un texto reflexivo. Tengo la sensación de haber abusado de los adjetivos descalificativos.

Me quedo, pues, en mi consulta-observatorio. Contándole a mi residente, que me mira burlón, historias de los buenos viejos tiempos que pudieron haber sido y no fueron.

Gestores y poetas

Hubo un tiempo en el que el azar y los horarios deslizantes se coordinaron para que un día a la semana comiera con un compañero de trabajo. De otra generación, con otra formación, una agradable compañía en los mediodías. Discutíamos sobre lo divino, lo humano y lo profesional desde nuestros distintos puntos de vista. En ocasiones, coincidíamos. Las más, no. Una de las conversaciones recurrentes era sobre la decadencia de la atención primaria. Él echaba de menos la autoridad del médico, el respeto, la jerarquía. Y culpaba de todo a la medicina de familia. Yo me defendía haciéndole ver que lo que él echaba de menos era lo mismo de lo que se quejaban maestros nacionales, profesores de instituto y universidad, policías, funcionarios de correos, revisores de tren, delegados de hacienda y vendedores de electrodomésticos. Toda la sociedad, no sólo la medicina, había cambiado. Sobre la culpa de la medicina de familia, le retaba a que me nombrara ministros o consejeros de sanidad que hubieran sido médicos de familia. Mientras todos fueran gines, traumas, abogados o economistas, que no me dijera nada.

Vale. Hoy tenemos conseller, directores y gerentes varios. Médicos de familia. ¿Qué mejor panorama para la primaria? ¿Dónde está ahora el problema?

Se hacen llamar médicos de familia. Pero no son tales. Pasean su título y sus grandes palabras dibujando con precisión las vocales y puntuando con silencios. Se comportan como niñatos repeinados recién salidos de un MBA. Como labriegos medievales, tienen miedo y desconfían de todo aquello que desconocen.

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“Ante la complejidad creciente de los servicios de salud, los gestores se han interpuesto entre el médico y el paciente… …Como auténticos parásitos, participan de los beneficios sin producir nada ellos mismos” (Cita, fuera de contexto, de La muerte de la medicina con rostro humano, de Petr Skrabanek, Ed Díaz de Santos 1999. Por cierto, la página de la Fundación Skrabanek en el Trinity College de Dublín ha desaparecido. Malos tiempos)

No soy un iluso. Sé que hace falta alguien que lleve las cuentas. Pero, a ser posible y sin ánimo de ofender, debe ser alguien sin imaginación. Que calcule cúanto cuesta cada cosa y cúanto podemos gastar. Las ideas deben venir de otras cabezas. Necesitamos iluminados, fantasiosos, pensamiento lateral. Más wikis plagados de huracanes de ideas y menos grupos de trabajo con horario prefijado y acta masticada de la reunión. Permitir y alentar que las ideas crezcan de abajo arriba en lugar del despotismo ilustrado que impone su juicio y considera mala hierba todo lo que no ha crecido bajo su liderazgo, aunque salga gratis (no useis el email, no hagais páginas web, no innoveis en la docencia…)

Necesitamos más poetas y menos gestores.

(Texto inspirado por este otro de Rafa Cofiño, mejor escrito, aquí, y por Skrabanek, que hablaba de medicina, ética y verdad mientras leía Finnegan’s Wake, y por Richard Feynman, que seguía siendo Nobel de física mientras tocaba los bongos, y por mi amigo Miguel, del que siempre aprendo tanto)