No he hecho huelga

Soy médico de familia. Eso quiere decir que desde hace 23 años me vienen dando hostias de todos los colores. A las que nos corresponden a todos (también se me ha roto el corazón, y se me ha cortado la mayonesa, y mi equipo ha bajado a segunda) se me han sumado las propias de mi oficio. Acabé la carrera y mientras estudiaba el MIR mis amigos no médicos sacaban sus carteras para pagar otra ronda mientras yo aún vivía de la generosidad de mi padre y mi ayuda en su bar, y sufría viendo cómo mis mil sudadas pesetas desaparecían en las manos de camareras inalcanzables. Yo palidecía empotrado en mi mesa de estudio mientras los demás poblaban las piscinas. Aprobé y vi como en pocos meses los residentes hospitalarios perdían la modulación del gen de la soberbia. Luego mi colegio profesional, los sindicatos médicos y los de clase, subvencionaban autocares, y luego cursos, con mi dinero. Gobiernos nacionales y autonómicos de toda catadura, gerentes, directores, subdirectores, coordinadores, enfermeras, administrativos y celadores han conspirado durante años para convertir aquello en lo que yo creía en un velatorio de indicadores, clics, protocolos estúpidos y gilipollas engolados. Compañeros burlones, por supuesto, pacientes propios y ajenos, señoras que pasaban por ahí. Aprobé unas oposiciones y me convertí en funcionario (bueno, estatutario, pero explica por ahí la diferencia si es que sabes). Oí comentarios despectivos sobre el funcionariado incluso entre miembros imbéciles de mi propia familia. Uno no elige. Tuve la plaza pendiente de un hilo porque a un juez se le ocurrió regalarles el aprobado a unos tipos que habían quedado cientos de puestos por debajo de mí. Después me han congelado el sueldo, me han regateado trienios, me han cambiado las reglas de juego con el partido en marcha, me han mentido, me han ignorado. He visto como entre todos cocinaban una carrera profesional ridícula y tiraban el dinero en premiar la resistencia pasiva sin discriminar a los que llevaban treinta años construyendo y trabajando de los que llevaban el mismo tiempo tocándose los huevos y tocándolos al resto del país. Premio para los caballeros.

La última me la olí cuando empezó lo de Grecia. La primera medida que se les ocurrió fue bajar el sueldo a los funcionarios. Rápidamente puse mis barbas a remojar. No tardé en llevar razón. A nuestros genios autóctonos esa fue también la primera idea que se les ocurrió. Una facilona. Les bajamos el sueldo a esos tipos que se niegan a hacer más de cuatro crucigramas al día, damos el timo de que hacemos algo y, además, el resto de la población rebufa complacida al ver a los parásitos de los funcionarios sufriendo también la crisis. No importa que nosotros no disfrutáramos los años de bonanza y ladrillazo. Tuvimos que pagar nuestras casas al precio que imponía el falso mercado mientras nuestros sueldos no seguían la misma pendiente ascendente. Pagamos las horas de yesero chapuzas tres veces más caras que las de médico de guardia. Pero España iba bien. Éramos un país pijo y estúpido.

Hasta hace cuatro días. Hace nada comprábamos inútiles vacunas contra la gripe a mayor gloria de las farmacéuticas, sus sicarios y los técnicos cobardes. Regalábamos dinero a paladas a la banca porque eso iba a salvar nuestro culo blanquito, y construíamos aceras en mitad del campo para que el ladrillo no decayera. Ahora resulta que todo es al revés y tenemos que pagarlo los de siempre. Ojo, no sólo los funcionarios. Como dice JJ Bilbao, nuestro observatorio es privilegiado para ver por donde va la vida. Ya no vienen casos de mobbing a las consultas porque cualquier presión es soportable si la otra opción es irse a la calle. Vuelven los problemas con la tarjeta del paro y los olvidos al sellarla. Más mujeres se informan sobre los requisitos para abortar porque ahora no puedo tenerlo. Algunos abandonan los seguros privados y vuelven a la seguridad social con cara de orgullo herido y sobres llenos de logotipos y facturas.

Hoy los sindicatos de clase (los que eran los míos en el corazón pero nunca me quisieron entre ellos) han convocado una huelga de funcionarios. Los que siempre ignoraron a los médicos de familia me han enviado correos electrónicos informándome de cuanto me van a rebajar el sueldo. Hoy les parece dramático que lo hagan y ayer se negaban a que mis horas de guardia subiesen de precio. Hoy se olvidan de todos los demás. Nos han dividido a los parias de la tierra durante años y ahora que haría falta una verdadera cruzada contra la oleada de la todopoderosa secta neoliberal no nos van a encontrar juntos.

El gobierno navega con el timón roto. La oposición daría risa si no diera grima con su obsesión electoralista. La Europa con la que soñamos se ha roto y se ha rendido. ¿Para qué votar, para qué manifestarse, para qué hacer huelga, si luego será el mercado el que decida y nos niegue el derecho a equivocarnos? No tenemos ganas. Se oye hablar del copago y nadie parece reaccionar. Sólo algunos médicos de familia y aliados se preocupan por la arbitrariedad de esa medida, sobre todo contando la cantidad de cosas que se podrían hacer antes no para ahorrar, si no para no tirar dinero como quien tira los desperdicios a los cerdos. Conocí a Rafa Cofiño. Un placer. Hablamos de la simplicidad vacía de acusar a la población de hacer mal uso de los servicios sanitarios sin hacer una permanente campaña de concienciación. Dicen que las abuelas, cuando eran nuestras madres, no nos llevaban tanto al médico. Normal, no había. Si los hubiera habido tan disponibles como hoy, nos hubieran llevado como lo hacen las madres de hoy. Y se hubieran ahorrado muchas horas de angustia junto a un niño febril y desmadejado. ¿Quién es culpable del mal uso? ¿Ellas o los que han diseñado la oferta de servicios mirando sólo el rédito electoral y no las necesidades reales?

Supongo que ha quedado claro que no he hecho huelga. Tampoco voy a releer el texto y lo voy a publicar tal cual. No es un texto reflexivo. Tengo la sensación de haber abusado de los adjetivos descalificativos.

Me quedo, pues, en mi consulta-observatorio. Contándole a mi residente, que me mira burlón, historias de los buenos viejos tiempos que pudieron haber sido y no fueron.

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4 pensamientos en “No he hecho huelga

  1. Alfonso dice:

    Lúcido. Honesto. Un gran texto, C.C. Baxter. Sigue por carreteras secundarias. Nos encontraremos por ahí. Saludos.

  2. FernandoG dice:

    Es curioso las vueltas que da la vida..
    Te he conocido a través de un enlace de MIR entrelazados, de Jose María Ramos Ladrero al que tuve la suerte, y el inmenso honor de conocer el pasado dia 14. Al igual que Rafa Cofiño..
    Subscribo todo lo que dices..
    Yo sin embargo si hice huelga.. no porque lo convocasen los sindicatos de clase, que también me han defraudado, y del mismo modo que no la haré si la convoca el llamado sindicato médico..
    Es evidente que lo que ha hecho el Gobierno no sirve para nada..
    Donde yo trabajo fuí el único que la hizo. Del mismo modo que es respetable la posición del que no la hizo..
    Yo tuve la suerte de llegar a esto en unos años donde había convocatrias en todas las comundiades, todos los meses, y saqué la misma plaza que tú a la quince oportunidad, más o menos. También ocurrió que alguién reclamó, y tuve que dar mi opinión..
    Y hago exactamente lo mismo que dices tu en tu último párrafo.. a cuatro trienios de la jubilación… un año más gracias al Gobierno, por ahora..
    Un saludo

    • C.C. Baxter dice:

      Gracias, Fernando. Te he leído alguna vez en MedFam polemizando con el infatigable Bonis. Un saludo, y a aprovechar los incentivos internos que cada uno nos hemos creado.

  3. FernandoG dice:

    Infatigable,y más cercano a mí y yo a él de lo que parece por lo que vemos en los foros y en los Blogs..
    Ha sido un placer encontrar este tuyo..
    Me ha gustado mucho los de los incentivos internos.. porque en esto estoy seguro que soy de los que más cobro..
    A disfrutar del mundial, del trabajo y sobre todo de la vida.
    Un saludo

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