Perfectos

Me quedo solo en el cuarto de baño. La luz blanca y plana desnuda las arrugas de mi cara. Demasiados granos aún. Acabo de gritar y no recuerdo por qué. Ahora sólo noto que me duele la garganta. Sentado en el váter, pienso en mi culpa.

Borges amaba los tigres gloriosos. Los que representaban el mito, lo eterno, lo ideal. Los que tienen en sus rayas la escritura de un dios. Yo quise un día mirarme en el espejo y ver un tigre. Alguna vez, una primavera antigua, lo ví. Hoy miro y no veo nada. Tanto esfuerzo invertido en ser perfectos para nada.

A mi mujer le crece un cáncer delante de mis narices mientras yo, supongo, miraba la pelusa de mi ombligo. Y aún hoy me siento despreciado cuando ella no tiene ganas de reírme las gracias. Mis amigos podrían morir mañana buceando tras una dorada o atropellados por un taxi y yo me enteraría en navidades cuando ellos no contestaran mis llamadas. O quizá incluso más tarde. Mis hijos crecen mientras les inoculo mis errores como un virus incontrolable. Hoy no me valen coartadas genéticas. Mis padres ven a la muerte en cada dolor y yo quiero mirar hacia otro lado. Sé que mi hermana ha sufrido aunque ella no lo diga y yo no lo pregunte. Empiezo la consulta y ya quiero haberla terminado, cansado de dolor y de problemas sin solución. En las paredes de mi casa crece el moho y me limito a contemplarlo como el atlas de un país inventado.

No soy especial. Sé que todos cargamos con nuestra culpa sin quejarnos demasiado. ¿Vale eso?

Tanto intentarlo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s