Rocinante

– Metafísico estáis. – Es que no como.

Puede que sea mi estado de dieta perpetua, pero cada día me siento más Rocinante. O mejor, y ayudado por la evolución del color de mi pelo, Rucio.

El otro día hice un pequeño ensayo. Poco científico, con pocos casos, sin duda sesgado. Dí una sesión en mi centro. El tema es lo de menos, aunque había sido solicitado por varios compañeros. Se me ocurrió llevar un termo de café. Dominicano, excelente. Llevé también tacitas, cucharillas, leche y azúcar. A la sesión vinieron cuatro. No es una frase hecha. Vinieron cuatro. Dos de ellos tomaron café. Los otros dos prefirieron no hacerlo.

Una semana después, dentro de unos acuerdos firmados entre el hospital y nuestra gerencia, vino un cardiólogo al centro. Nos iba a hablar de los protocolos firmados sobre, creo recordar, insuficiencia cardiaca. No era la primera vez que venía. En la primera ocasión su jefe, al hablar de su obligación dentro del protocolo de escribirnos una nota sobre la situación del paciente en cada visita, nos había pedido comprensión en caso de que no lo hicieran. Que tuviéramos en cuenta la sobrecarga de sus consultas y el hecho dramático de que, en ocasiones, ¡la enfermera se ausenta de la consulta y no tienen quien les rellene los papeles! Decidí que no tenía nada más, pues, que escuchar. Con ese drama en sus vidas, ¿ellos me van a explicar cómo gestionar los problemas cardiológicos en mi consulta?

Al caso. Vino el cardiólogo. Y le acompañaron los hombres de negro de un laboratorio farmacéutico. A la sesión acudieron once personas. No es este el problema, sé que mi capacidad de convocatoria bucea bajo mínimos. El objeto de estudio es el piscolabis que trajeron los del laboratorio. Café, zumos, bollería, canapés. Y todos comieron. Así no hay manera. Puede que yo no acertara con el día propicio para el café y ellos sí. Puede, es seguro, que su menú fuera más completo y sugerente. Un diablillo de dibujos animados me dice desde mi hombro izquierdo que también es posible que la fórmula del laboratorio haya triunfado entre nosotros.

Para los que se sientan aludidos. No creo que sean mis compañeros los únicos que transitan ese lado oscuro. De hecho creo que ni siquiera se han parado a pensar en ello. Y creo también que la infección está diseminada y que no hay tratamiento. Poned en Twitter “drug rep” y veréis lo que sale. Lo acabo de hacer y de las 20 primeras entradas, diez se refieren a comida, bebida o fiestas. Somos un gremio hambriento y desvergonzado.

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Un pensamiento en “Rocinante

  1. Dan.T.P dice:

    Estuve en ambas presentaciones (por mi situación no puedo permitirme asistir a alguna si y a otra no) y he de decirte que tu café me gustó más que el del cardiólogo. Tal vez yo tengo demasiado arraigada la mentalidad española de que todo lo gratis bienvenido sea, pero no creo que la diferencia de asistencia se deba a los piscolabis acompañantes, sino a nuestra tendencia a quedar mejor con los de fuera que entre nosotros mismos (siempre hay más asistencia en la charlas de especialistas de hospital que en las de gente de nuestro centro).
    Respecto a la gestión de consulta de los cardíólogos sólo te pido un poco de comprensión, no pretendas que sean capaces ni con ayuda de una enfermera dentro de la consulta de realizar la consulta, explorar al paciente, pedirle pruebas, hacerle las recetas y además realizar una nota informativa, eso es algo reservado exclusivamente para ser realizado y en un tiempo récord por los de familia. Entiende que no dan más de si, pobrecillos.

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