Cita a ciegas

Yo nunca había quedado para una cita a ciegas. Ni en mis más activos años. Mis citas habían sido siempre conocidas.  En esta ocasión la cosa ya venía de atrás. Ella ya me había tirado los tejos. Aunque no personalmente, venía bien recomendada. Un viejo compañero de discusiones, robos y enemigos hablaba bien de ella. Su prima la sueca no la nombraba en sus interminables historias, señal de envidia. Lis debía ser más guapa y más interesante.

Quiso la casualidad, si es que existe, que fuera a pasar unos días a su ciudad. Se lo hice saber. Y también mi intención de conocernos. Nuestra intimidad pasó de los comentarios en los blogs al correo electrónico, y de ahí a los SMS. Quedamos. Ella quiso que fuera el 28 de diciembre. Dijo que era nuestro día. Yo no lo entendí…

Bebimos, comimos y volvimos a beber. No fue frente al mar, ni bajo las estrellas, ni en un viejo café. Pero fue igual de excitante. Lluvia fina, buena conversación, buen vino, rabo de buey, humor, historias, chismes, coincidencias. Nos falló el pepino para la Hendrick’s, pero no todo puede ser perfecto.

Al final pensé que tampoco era una sorpresa. Sé que no se llama Lis como yo no me llamo Calvin Clifford. Es probable que los que escribimos con seudónimo lo hagamos con mayor libertad, mostrándonos realmente como somos a la vez que nos distanciamos de nuestras opiniones lo suficiente como para reconocerlas como propias pero no morir o matar por ellas. Firmar con tu verdadero nombre te obliga a ser demasiado cuidadoso con lo que escribes y a tener que defenderlo como defiendes a un hijo. Así que Lis tenía que ser como sus escritos. Dura, socarrona, tierna, elegante. Verdadera.

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3 pensamientos en “Cita a ciegas

  1. Ramón dice:

    Cada poco me replanteo si me perjudica para ser yo ir de yo en este mundillo. A ambos dos os conozco sólo por el alias y reconozco que sois así, desde la distancia de vuestros yos.
    Alguna vez me he cortado un poco, sobre todo en periódicos digitales y he tirado del anónimo. Y procuro ser un pelín políticamente correcto aunque me engaño pensando que en otro alias sería así. Sí pensé en arrancar otra historia enmascarado. Pero me puede la pereza y aquí estamos

    • C.C. Baxter dice:

      Hay una vieja tradición: Rocambole, la Pimpinela Escarlata, Fantomás, el Zorro, Superman, Spiderman, Batman. Todos héroes anónimos más o menos atormentados.
      Piensa por otro lado que para mí Ramón puede ser perfectamente un nombre inventado. Sin perder ni ganar credibilidad. Esta vendrá de lo que diga ese Ramón misterioso. En Internet, mi nombre me parece un seudónimo. Me siento más reconocible como Baxter. Hazlo anónimo o con tu nombre, como te sientas más cómodo y más tú.

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