Ya he terminado…

La Nochevieja de Montalbano

Andrea Camilleri

Ediciones Salamandra. 2001

Regalado por ME

Es el primer libro del multivendedor Andrea Camilleri que leo. Relatos cortos con un buen personaje y amables historias de misterio cotidiano en una Sicilia sin la menor presencia de la Camorra y similares. A pesar del nombre de nuestro héroe, Salvo Montalbano, le encuentro más parecido con el padre Brown de Chesterton que con el Carvalho de Vázquez Montalbán. Comparten un tipo muy similar de sabiduría socarrona y de conocimiento e interés por el comportamiento y las debilidades humanas. De ellos surgen soluciones sorprendentes para los casos planteados. El culto por los santos es aquí sustituido por el culto a las trattorias, ambos cultos de recogimiento y soledad para sus fieles. Los delincuentes que lo merecen, sea por inteligencia, profesionalidad o buen fondo, son bien recibidos, se llamen Flambeau, Orazio Genco o Pasquale.

Por poner medallas a un viejo amigo, Montalbano también encuentra paralelismos entre el hacer de los detectives y el de los médicos.

“En cierta ocasión le habían preguntado a Montalbano cuál era a su juicio el don esencial de un policía … El ojo clínico, había contestado Montalbano … la capacidad que tenían algunos médicos de averiguar, de un solo vistazo, si un paciente estaba enfermo o no. Sin necesidad, tal como hacen muchos hoy en día, de someterle a uno a cien pruebas distintas antes de establecer que está sano como una manzana”

Clavado.

En ese mismo cuento, titulado La revisión, el juez Attard vive atormentado por saber si en algún momento los avatares de su vida privada, su mal humor, cuestiones domésticas, mala salud o instantes de felicidad podían haber influido en las sentencias de sus juicios. El juez llega al extremo de revisar las actas de todas sus sentencias por si encuentra una mancha de ese tipo en su historial. De igual forma puede un médico revisar sus historiales clínicos o simplemente las consultas del día al final de la jornada, buscando el momento en que sus opiniones personales, o su dolor en el hombro, o la tarde ajetreada que le espera, o la conversación telefónica sobre un electrodoméstico averiado con una enojada Miss Kubelik, han influido en las decisiones tomadas.

Aunque quizá no convenga. Attard no acaba nada bien.


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