Relaciones

Ahora que por mi centro corren tiempos de cambios y que a un cerebro incansable se le ha ocurrido la loca y certera idea de dar a la relación médico-paciente la consideración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, viene a mi memoria una historia poco ejemplar.

Guardo, afortunadamente, pocos recuerdos de errores graves en mi trabajo. Pero este es de los que no olvido. Diré como atenuante que yo era entonces un joven jedi, recién hecho, y disfrutaba de mi primera interinidad en una ciudad dormitorio. No quiero justificarme, sólo dejar claros los hechos. En mi cabeza bullían todavía demasiados conceptos que tenía que digerir. Mi trabajo era como una ONG. Mientras algunos compañeros apuraban el último coñac antes de la consulta, para mí no había horarios para ver a otro paciente, para repasar un caso, para cumplir un objetivo.  Me conocían, ilusos aunque ellos se creyeran cínicos, como el profesor. Para los pacientes era el chico nuevo. Para  la gerencia era, tal cual, el tipo de médico al que querían contratar. Muchos señores para tan poco vasallo. Yo, de todas formas, me divertía. Los pacientes pronto comenzaron a confiar en mí. No fue difícil, considerando que mi antecesor pasaba consulta con la nómina del último mes encima de la mesa y cuando se hartaba de trabajar, cosa bastante frecuente, les recordaba a los pacientes que el por ese dinero ya había aguantado bastante. Creo que acabó en política.

Un día, al principio, acudió G a la consulta. Cansada, flaca. Hijos adolescentes, viuda. Trabajo a un cercanías y dos metros de distancia. Le habían insistido para que viniera. La analítica mostró una intensa neutropenia. Hablamos y surgió una antigua pareja heroinómana con la que, ocasionalmante, había reincidido. Los 70 y los 80 fueron lo que fueron en los arrabales de las grandes ciudades. La herencia cabrona de los malos tiempos. El siguiente paso estaba claro. Pero G no estaba convencida. Hicieron falta varias visitas para conseguir que se hiciera un test de VIH. Fue positivo. Aquel día el retraso fue monumental. Es difícil para un principiante manejar una consulta sagrada. Al final le derivé al especialista correspondiente, pero seguimos viéndonos con frecuencia. Yo era el que le había insistido en hacerse las pruebas y el que le había dado la noticia. Eso, te guste o no, crea una relación. Como todas las relaciones humanas, inmensamente valiosa y delicada. Importante para todos los implicados o, si no, inservible. Venía puntualmente a contarme las novedades. Sus tratamientos, sus CD4, sus efectos secundarios. Y también lo que no le contaba al internista. Su miedo, su esfuerzo, su dolor.

Al cabo de pocos meses ampliaron la plantilla del centro. Llegaron nuevos médicos, redistribución de pacientes y la famosa norma que impide a los pacientes volver con su anterior médico durante seis meses. ¿Alguien la ha visto escrita alguna vez? No sé si existe realmente, pero yo entonces era un joven soldado que obedecía sin rechistar y sin pensar. Una tarde volvía de tomar un café cuando G me abordó en el pasillo. Le habían cambiado de médico. Le habían dicho que si yo firmaba podía volver a mi cupo. Se calló. Me callé. Recuerdo sus ojos y varios bultos que supuse eran otros pacientes tras ella. Pensé rápido. Si le decía que sí, incumplía la orden recibida y, además, debería decir que sí a otros que me lo pidieran. Si le decía que no… Pensé mal. Elegí defraudarla.

En el coche, de vuelta a casa, sonaba Más Birras en el casete.



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2 pensamientos en “Relaciones

  1. Impresionante historia CC Baxter. Supongo que todos hemos defraudado a algún paciente alguna vez, consciente o incosncientemente. Incluso nos habremos defraudado a nosotros mismos…
    Pero la vida sigue, y pocas decisiones son irreversibles. Lo importante es intentar reflexionar de estas cosas para analizar si se pueden mejorar, para la próxima ocasión hecerlo lo mejor posible.
    Sobre la propuesta del patrimonio de la humanidad para la relación MP, sigue en marcha, pero no sé, me imagino que cuando tenga un poco más de fuerzas veré la manera de “vender la moto”.
    Un abrazo y gracias

  2. Jose dice:

    Me ha gustado como has tratado la historia “real” que también hemos vivido en mas de una ocasión, y que por desgracia despues analizas y probablemente lo hubiese hecho de otra manera, mejor? no se, de cualquier forma, creo que tomamos todos los dias muchas decisiones y entre ellas cometemos muchos errores, y en las relaciones medico-pacientes hay multitud de situaciones por las cuales se rompen, lo importante para mi es mientras estes viviendola intenta comprometerte, pero guardando alguna distancia, pues sino el “desgaste humano profesional” es alto

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