El triángulo de las Bermudas

Cuando era un jovencito y tenía más granos pasé una temporada fascinado por el Triángulo de Las Bermudas. Sí, los que lucís canas y tripita os acordaréis. Una zona entre Florida, las islas Bermudas y Puerto Rico en la que desaparecían barcos y aviones. En los años 70 un tipo llamado Berlitz se forró con un librito acerca del tema. Se hicieron documentales y teleseries. El mundo aún no era global y nosotros aún éramos un país cutre, pero aunque pocos entonces eran capaces de situar el triángulo en un mapa y menos aún soñaban siquiera con viajar por esa zona, todos en aquella época hablábamos del caso. Las mujeres bajo los secadores de las peluquerías, los hombres mordiendo sus farias, los niños con las piernas ateridas en los patios de recreo. Hasta que el asunto se fue desinflando. Resultaba que muchas de las naves desaparecidas en el triángulo lo habían sido en otros lugares. Que los 70 casos de desapariciones en 100 años lo eran entre unas 100 millones de naves que habían atravesado la zona en ese tiempo. Que no eran necesarias explicaciones naturales porque no había nada que explicar. Por entonces hicieron también furor los ovnis. Y las abducciones por extraterrestres. También recuerdo las experiencias cercanas a la muerte, el satanismo y las brujas (un clásico), las desapariciones de niños y mujeres durante viajes. Miedos de ida y vuelta. Miedos en bucle.

bermudas12

En general estos miedos siguen un ciclo cortado por el mismo patrón*. Comienza a haber noticias sueltas, rumores, acusaciones. Hoy en día, además, todo se agiganta por la rapidez y cobertura mundial de la información. El sistema, el miedo, se va autoorganizando en la sociedad, hasta que alcanza un punto crítico de complejidad. A partir de ahí comienza a hacerse visible el escepticismo, sobre todo si surgen expertos respetados que lo respaldan. El sistema comienza a debilitarse. El miedo se diluye entre el resto de ruido ambiental.

Últimamente parece que buscamos un miedo nuevo. Algo que nos una en nuestra inseguridad. El sida tuvo su momento. Recuerdo chicas sin adicciones, que medían cuidadosamente sus relaciones sexuales y nunca renunciaban al preservativo, asustadas por la posibilidad de contagiarse. Pero las opciones de tratamiento y la mayor información le ha hecho perder fuerza. También se ha probado con el Islam. Salvo temporalmente, tampoco ha triunfado como miedo global. Al fin y al cabo los musulmanes, vistos de cerca, son personas como las demás. Pueden provocar en algunos desprecio o actitudes racistas, pero miedo, miedo… Salvo algunos de forma particular, como Bin Laden, o de forma general, como los cantantes melódicos egipcios, dan poco miedo.

La más reciente candidata ha sido la gripe A. Tiene el regusto histórico de las enfermedades fácilmente contagiosas (¡ah, la vieja peste!), el encanto telúrico del origen animal, el exotismo de sus inicios mejicanos. De momento está siguiendo su bucle de forma matemática. Un inicio con noticias incompletas y rumores sobre la mortandad causada por una enfermedad extraña en México. Una progresiva catarata de casos, muertes retransmitidas, declaraciones apocalípticas, becarios, autoridades ignorantes y mal aconsejadas, médicos bocazas. Cuando las tonterías son más atronadoras, asoman las actitudes escépticas y las voces de los expertos llamando a la calma y a la cordura.

Veremos a ver qué ocurre. En este mundo moderno las modas y los miedos duran lo mismo que la fuerza de voluntad de un yonqui

*: ver Shermer M. (2008): Por qué creemos en cosas raras, Alba Editorial, Barcelona

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s