O sea, que modificar la Constitución es dificilísimo si se trata, por ejemplo, de terminar con la discriminación de las mujeres en el acceso a la jefatura del estado, pero resulta sencillo cuando se trata de complacer el último capricho de Merckel-Sarkozy.
Se creen que somos tontos. Y llevan razón. Por aguantarlos.
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